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Especial A
Noviembre, 2020.

Déficit de energía solar y pandemias

El comportamiento del planeta depende de varios factores y quizá uno de los más importantes para la vida es la energía solar. Se ha documentado que cada 120 años ocurre un superávit o déficit solar que dicta la actividad de la vida. De acuerdo con el Dr. Víctor Manuel Velasco Herrera, investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM, la condición deficitaria de la energía solar opera como un factor geofísico que supone una menor captación de energía por parte de todas las estructuras biológicas, incide en la generación de microorganismos (virus y bacterias) y en la cantidad y calidad de los alimentos, lo que trae como consecuencia un debilitamiento de los sistemas inmunitarios y el deterioro de la salud de la humanidad.

LAS PANDEMIAS ocurren,
entre otras razones, por una MERMA DE
ENERGÍA SOLAR
asociada también
con incendios forestales, sequías y escasez de alimentos

Por ejemplo, en el siglo VI hubo un mínimo de actividad solar que coincidió con uno de los primeros brotes de la peste bubónica; sin embargo, esto no es casual ya que, a principios del siglo XVI, la viruela traída desde España acabó con gran parte de la población en México y Perú, y en siglos más recientes hubo varios brotes de cólera entre 1816 y 1823. En la última baja actividad solar del siglo XX se registraron tres pandemias: la primera en 1918 y 1919 (gripe española), la segunda en 1958 y 1959 (gripe asiática), y la última en 1968 y 1969 (gripe de Hong Kong).

Actualmente, los datos satelitales han permitido corroborar que la deficiencia solar más reciente se prolongará a lo largo de casi todo el siglo XXI, con importantes repercusiones globales. Esto quiere decir que, desafortunadamente, la pandemia por COVID-19 no es la única esperada para los siguientes años.

Este fenómeno de orden global también podría explicar la aparición de enfermedades reemergentes —como el dengue— en lugares donde ya estaba erradicado. En Italia, antes de la primera oleada de COVID-19 se registró un brote de malaria y los casos de dengue en México han ido en aumento, por poner dos ejemplos.

La Organización Mundial de la Salud ha señalado que la población mundial terminará por contraer el COVID-19 y con ello llegará la inmunidad de rebaño. Por otra parte, las vacunas para prevenir la infección por COVID-19 están cada vez más cerca de ver la luz; sin embargo, el problema de fondo no está en los virus, sino en la condición inmunitaria, la falta de estilos de vida saludables y las condiciones de pobreza alimentaria de la población en general.

Los Gobiernos, ante este crudo panorama, están urgidos a plantearse nuevos criterios económicos, políticos, sanitarios e, inclusive, de seguridad nacional, para hacer frente a esta problemática multidimensional, donde las pandemias son un problema de todos. Es en este marco que se hace cada vez más apremiante recurrir a enfoques tanto preventivos como reactivos bajo una dinámica de cooperación entre naciones, para hacer frente al escenario sanitario actual y venidero.

Aún hay muchos retos por enfrentar en torno al traslado de las personas, las dinámicas de migración (sobre todo en los cruces fronterizos) y las restricciones en aeropuertos y puertos, todo ello en virtud del riesgo potencial de contagio. Pero el mayor reto que enfrenta la humanidad consiste en articular tres aspectos esenciales:

1. Impulsar una agenda global regionalizada con soporte geofísico y geopolítico multilateral que promueva la cooperación y no la competencia.

2. Ajustar o crear políticas sociales, de economía social y de salud pública que le den prioridad a la diversidad local y atomizada en las comunidades.

3. Fortalecer la autoconsciencia y el autocuidado personal en términos de dignidad y exigencia de derechos humanos.

Desde luego, esta articulación debe estar fundamentada en la información basada en la evidencia y libre de conflicto de intereses. Así, el conocimiento ínter y transdisciplinario habrá de emplear métodos de la ciencia de datos, inteligencia artificial y, desde luego, el pensamiento crítico.