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Ya no estoy aquí

Por: Guillermo Torres
“…Yo me acuerdo que tú me hablaste por teléfono, a decirme que tenía que ver esta película. Y… y yo mensamente te dije: —Bueno, ¿de qué es, de qué va, de qué se trata? —No, es que la tienes que ver…”

Un fragmento de una conversación entre Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón sobre Ya no estoy aquí.

En mayo de 2020, la plataforma Netflix presentó el estreno de la película mexicana Ya no estoy aquí, que retrata con naturalidad y sin ambages las consecuencias que ocasiona la falta de oportunidades en la realidad en que vive un singular grupo de jóvenes. En palabras propias del director, Fernando Frías de la Parra, la película esencialmente trata de una contracultura urbana, de los personajes que la representan, del arraigo y de un protagonista con gran sentido de pertenencia. Puedes pensar que se trata de un filme relacionado con el baile de la cumbia o también de una historia que habla del fenómeno de la migración y de la familia que escogemos: los amigos. A decir verdad, se trata de todo eso y de un poquito más. El joven Ulises (interpretado por Juan Daniel García Treviño) es líder de la banda de los “Terkos”, habitantes de las colonias marginales del área metropolitana de la ciudad de Monterrey, Nuevo León. Se identifican entre ellos y con su entorno bailando una especie de cumbia rebajada, el sentimiento que denominan Kolombia.

La película esencialmente trata de una
contracultura urbana,
de los personajes que la representan, del arraigo y de un protagonista con gran
sentido de pertenencia

Uno de los principales valores capturados en esta película descansa en la verdad presente en sus personajes, en especial de los “Terkos”, y cabría suponer que en Ulises, como su líder, debería recaer el mayor peso de la narrativa; sin embargo en el transcurso del filme, nos damos cuenta de que, en realidad, cada integrante de ese grupo —en su terquedad y búsqueda de una identidad propia— nos conmueve en todo momento, a pesar de tratarse de un elenco inexperto en lo que se refiere a la actuación cinematográfica, en contraste con su veteranía, a tan corta edad, en las propias experiencias de vida (todos, viven su día a día en las calles de esas colonias). Pero, ¿cómo se puede lograr la excelencia narrativa con tal característica? No solo los “Terkos”, la totalidad del reparto, tanto en México como en Nueva York, posee la misma cualidad. Una parte de la respuesta la encontramos, sin dudar, en las manos del director y guionista de Ya no estoy aquí, pero también en el excelente trabajo de sus directores de casting, Bernardo Velasco y Esra Saidam.

Es difícil descubrir algo que delate cualquier tipo de falsedad en el desempeño de todos los personajes que desfilan ante nuestros ojos a lo largo de la película. En entrevistas que Fernando Frías ha concedido a diferentes medios (alguna de ellas, con la presencia de los integrantes de los “Terkos”), nos revela que uno de sus secretos es la confianza que depositó en sus actores, al tiempo que él recibió la misma de ellos, formándose un fuerte lazo “familiar” que facilitó la participación de los jóvenes actores, dando ideas de vestuario, peinados, lenguaje (slang) y anécdotas que contribuyeron enormemente al enriquecimiento del proyecto. Fernando tenía un convenio con los actores y todo el equipo técnico, al momento en que él daba la voz de “acción” iniciaban su proceso de actuación y, si alguien en escena tenía una ocurrencia fuera del guion, todos seguirían improvisando hasta que él dijera “corte”, sin importar la duración de la toma, surgiendo así algunos de los momentos más frescos, bellos y espontáneos que podemos encontrar en la edición final. Fernando, también se rodeó de un talentosísimo equipo técnico y artístico que funcionaba como un “reloj suizo” y durante siete años, en que termina la escritura del guion, hasta el inicio de la preproducción, producción y postproducción de la obra, consigue obtener finalmente una película que ha sido aclamada por la crítica nacional e internacional en las categorías de mejor largometraje mexicano en el Festival Internacional de Cine de Morelia; ganadora de la Pirámide de Oro y mejor actor en el Festival Internacional de Cine de El Cairo, y diez estatuillas de Plata en la LXII Edición de los Premios Ariel (incluyendo mejor película, mejor director y mejor actor). Además, la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas la seleccionó para representar a México en la categoría de mejor película iberoamericana en los Premios Goya 2021. Más tarde se dio a conocer que representaría a nuestro país en la categoría de mejor película internacional en los Premios Óscar del mismo año. En contraparte, ha levantado una gran polémica al recibir numerosas críticas en contra. Pero, como dice Guillermo del Toro: “es que, tienes que verla”.

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MEDICUS 2021;02(11)