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Especial A
Noviembre, 2020.

Aspectos nutricionales en las infecciones respiratorias agudas

Dra. Rosalina Rocha Manzano
Médico Cirujano con Posgrado en Nutrición y Ciencias de los Alimentos
Miembro de la Sociedad Latinoamericana de Nutrición (SLAN)
y de la Asociación Mexicana de Nutriología A.C. (AMENAC)
Contacto: [email protected]

Las infecciones respiratorias agudas (IRA), tanto del tracto superior como inferior, son enfermedades altamente frecuentes y representan una de las primeras causas de ausentismo escolar y laboral. Los factores de riesgo están relacionados con el medio ambiente —estacionalidad y estancia en entornos específicos, como guarderías, escuelas y hospitales— y las condiciones propias del hospedero; ejemplos de este último son las enfermedades crónicas subyacentes y el antecedente de atopia, los cuales comprometen el sistema inmunitario y están particularmente relacionadas con una mayor incidencia y gravedad de IRA.

La repercusión que las enfermedades infecciosas tienen sobre el estado nutricio es un hecho ampliamente documentado. Asimismo, la desnutrición predispone el desarrollo de procesos infectocontagiosos. Desde el punto de vista fisiopatológico, la desnutrición proteico-calórica y las deficiencias de micronutrimentos producen una inmunodeficiencia secundaria que aumenta la susceptibilidad del hospedero a la infección. A menudo, la infección respiratoria, en sí misma, favorece una cadena de eventos (reducción del apetito, malabsorción de nutrimentos y alteración del metabolismo) que deterioran el estado nutricio del sujeto. Las primeras investigaciones en torno a la nutrición y la inmunidad humana se centraron, precisamente, en demostrar la asociación existente entre la desnutrición proteico-calórica y una mayor incidencia de enfermedades infecciosas. Más tarde, se empezaron a reportar alteraciones en la respuesta inmunitaria celular y humoral, vinculadas a deficiencias específicas de ciertos micronutrimentos (ácido ascórbico, ácido fólico, piridoxina, retinol, riboflavina, tocoferol, cobre, hierro, selenio y zinc), cuya carencia se asoció no solo con mayor riesgo de infecciones, sino con una mayor duración, recurrencia y gravedad de las mismas. Aunado a esto, la deficiencia de vitaminas y elementos inorgánicos (oligoelementos) parece tener mayor impacto sobre el desarrollo de deficiencias en la estructura y funcionamiento del sistema inmunitario. También existe una gran cantidad de datos clínicos que muestran que algunos macronutrimentos (como ácidos grasos omega-3, ácido eicosapentaenoico y ácido docosahexaenoico) desempeñan funciones importantes y complementarias para el fortalecimiento del sistema inmunitario, lo que se traduce en una mayor resistencia a las infecciones y disminución de la carga de morbilidad. Estos datos nos dejan claro que el papel que desempeña la nutrición en el fortalecimiento de la inmunidad está muy bien establecido.

Respecto al riesgo de desarrollo de IRA, la evidencia sugiere que existen intervenciones nutricionales con probados beneficios al respecto, dentro de las cuales destaca el uso de suplementos con probióticos, prebióticos, vitaminas y micronutrimentos. Sin embargo, algunos resultados son contradictorios y no siempre es posible establecer una recomendación alimentaria generalizada a partir de ellos, ya que intervienen múltiples variables propias de las poblaciones en estudio (edad, género, raza, estado de salud y factores de riesgo, entre otras), las características de las intervenciones (tipo y duración de la suplementación, dosis y vía de administración) y las herramientas de medición.

Las recomendaciones que cuentan con mejor nivel de evidencia han tenido como objetivo reducir la incidencia de infecciones respiratorias y, en ese sentido, el enfoque es más preventivo que terapéutico. Por ejemplo, se ha documentado que el zinc puede reducir la incidencia de infecciones respiratorias en la población pediátrica. Por su parte, la suplementación con micronutrimentos y ácidos grasos omega-3 ha mostrado ser una estrategia segura, eficaz y de bajo costo para ayudar a mantener una función inmunitaria óptima; además, está justificada la suplementación por encima de la ingestión diaria recomendada (IDA), pero dentro de los límites superiores de seguridad recomendados para nutrimentos específicos, como las vitaminas C y D.

Las estrategias de suplementación no son las únicas intervenciones nutricias preventivas. Cabe recordar que la mala nutrición incluye tanto el déficit como el exceso de macro y micronutrimentos; desde esta perspectiva, es preciso que las intervenciones individuales y poblacionales se enfoquen en seguir restringiendo el consumo de hidratos de carbono (sobre todo simples) y lípidos (sobre todo saturados), dos macronutrimentos que propician la ganancia de peso cuando se consumen en exceso. ¿Por qué hablar de sobrepeso y obesidad en el contexto de las IRA? En la situación epidemiológica actual, resulta tentador poner sobre la mesa que la infección por COVID-19 —una enfermedad infecciosa que se contagia por vía respiratoria— también puede convertirse en un problema de nutrición clínica, porque está relacionado con el tratamiento de la desnutrición vinculada a la infección y con los factores de riesgo asociados a la propia infección. Además, no podemos dejar de lado que la cuarentena prolongada puede aumentar los hábitos poco saludables y, por lo tanto, el riesgo de enfermedades no transmisibles. Lo cierto es que, hasta la fecha, no hay suficiente evidencia sólida respecto a los enfoques nutricionales y de salud relacionados con el tratamiento del COVID-19 y será necesario esperar algún tiempo para contar con resultados de investigaciones más formales.

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Este artículo debe citarse como: Rocha-Manzano R. Aspectos nutricionales en las infecciones respiratorias agudas. Medicus 2020;2(8):510-1.