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Marzo, 2021.

La Piel como indicador de afecciones sistémicas

Dr. Luis Rodrigo Flores Bozo
Médico Dermatólogo Egresado del Instituto Nacional de Ciencias Médicas
y Nutrición Salvador Zubirán, Ciudad de México.
Especialista en Terapia Láser y Dermatología Cosmética, Dermédica, Ciudad de México
Contacto: [email protected]

La piel y sus anexos actúan como una ventana hacia el interior del organismo humano, ofreciendo un panorama general sobre su salud. Los cambios en la textura, coloración y anatomía de la piel, mucosas, pelo o uñas pueden constituir el primer signo de una enfermedad sistémica, o bien, desarrollarse en el contexto de una enfermedad conocida o por el tratamiento farmacológico de estas. Se han descrito numerosas manifestaciones cutáneas en las afecciones sistémicas, en el campo de las enfermedades autoinmunes, gastrointestinales, renales, metabólicas, hematológicas, oncológicas y respiratorias, entre otras. Se mencionan a continuación algunas de las más frecuentes.

El involucro de LA PIEL Y SUS ANEXOS en las AFECCIONES SISTÉMICAS puede guiar al médico en el diagnóstico y, en ciertos casos, repercutir en el pronóstico del paciente

El involucro cutáneo en las enfermedades autoinmunes es de gran relevancia, considerando su alta frecuencia de presentación en enfermedades como la esclerodermia, el lupus eritematoso, la dermatomiositis y las vasculitis sistémicas. En lupus eritematoso puede manifestar fotosensibilidad, eritema en alas de mariposa, úlceras orales y/o pérdida de pelo (alopecia no cicatrizal) en la forma generalizada y aguda de la enfermedad, así como placas eritematosas con escama y disposición anular en el tronco (en el lupus subagudo), y alopecia cicatrizal o atrofia (en las formas crónicas). En la dermatomiositis, 60% de los casos con miopatía presentará alguna manifestación cutánea: fotosensibilidad, pápulas de Gottron (pápulas eritemato-violáceas en el dorso de manos y articulaciones metacarpofalángicas), eritema heliotropo (periorbitario), el signo del chal (poiquiloderma y cambios pigmentarios en V del escote y espalda) o cambios periungueales (cutículas deshilachadas, eritema periungueal o capilares tortuosos en el pliegue ungueal proximal). La esclerodermia puede ser localizada (morfea) o sistémica; en ambos casos, existe depósito anormal de fibras de colágeno en la dermis (esclerosis), probablemente secundario a una reacción inmunitaria anormal y daño vascular; en las formas sistémicas de la enfermedad, los cambios cutáneos afectan característicamente los dedos (esclerodactilia) y la cara (boca en sol naciente), pudiendo además desarrollarse telangiectasias, ulceración o calcinosis cutis (depósitos de calcio en la piel).

En el área gastroenterológica, la piel puede reflejar diversas manifestaciones por enfermedad hepática o intestinal, algunas inespecíficas (como el prurito en la cirrosis biliar primaria) y otras específicas (como la dermatitis herpetiforme en pacientes con enfermedad celiaca). La enfermedad inflamatoria intestinal presenta cambios cutáneos hasta en 15%, como el eritema nodoso (nudosidades en la cara anterior de las piernas, que también puede observarse en la tuberculosis, infecciones estreptocócicas o inducido por fármacos), pioderma gangrenoso (nódulos dolorosos que se ulceran, presentando un borde socavado, suelen afectar las piernas o la piel periostomal) o cambios mucosos, como epiescleritis.

La piel puede también reflejar alteraciones renales, sobre todo en individuos con enfermedad renal crónica o en terapia sustitutiva (diálisis). Se han descrito desde xerosis y prurito inespecífico, hasta calcifilaxis (necrosis por isquemia capilar) o enfermedades perforantes (pápulas queratósicas muy pruriginosas secundarias a queratinización anormal y subsecuente extrusión de tejido dérmico)

La piel y las enfermedades metabólicas están íntimamente relacionadas. En el hipertiroidismo pueden existir manifestaciones cutáneas inespecíficas como cambios en la textura o pigmentación, alopecia no cicatrizal o hiperhidrosis; o específicas como el mixedema pretibial. En hipotiroidismo se han descrito xerosis, palidez y alopecia no cicatrizal, mientras que en la diabetes mellitus se ha descrito acantosis nigricans (hiperpigmentación marrón de aspecto aterciopelado en pliegues), dermopatía diabética (pápulas y placas asintomáticas en las piernas, que evolucionan a la atrofia) y necrobiosis lipoídica (placas amarillento-marrón en las piernas, que evolucionan a atrofia y ocasionalmente ulceración), entre otras. Otras enfermedades metabólicas que tienen cambios cutáneos prominentes incluyen la hiperpigmentación mucocutánea difusa en el hipocortisolismo (enfermedad de Addison) y la acrodermatitis enteropática por deficiencia de zinc (alopecia, eccema periorificial y acral). En el contexto de las enfermedades hematológicas y neoplasias malignas se puede presentar un fenómeno paraneoplásico; el síndrome de Sweet (caracterizado por nódulos eritematosos dolorosos diseminados) suele asociarse con neoplasias hematológicas malignas, pero también puede ser desencadenado por fármacos. Otras manifestaciones descritas como paraneoplásicas incluyen el signo de Leser-Trélat (numerosas queratosis seborreicas en pacientes con adenocarcinomas gastrointestinales), eritema necrolítico migratorio (erosiones en pliegues en glucagonoma), acroqueratosis paraneoplásica o síndrome de Bazex (placas psoriasiformes con distribución acral en carcinomas escamosos del aparato respiratorio o esófago) y la hipertricosis lanuginosa (desarrollo de vello fino en cara y cuello en adenocarcinoma de pulmón), principalmente.

El involucro de la piel en las afecciones sistémicas puede guiar al médico en el diagnóstico y, en ciertos casos, repercutir en el pronóstico, por lo cual es fundamental realizar una adecuada exploración de la piel y anexos cutáneos, y hacer énfasis en sus hallazgos.

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Flores-Bozo LR. La piel como indicador de afecciones sistémicas. Medicus 2021;2(10):654-5