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Especial A
Mayo, 2021.

Obesidad y su relación con el
síndrome metabólico

Dra. Ariana Canche Arenas
Especialista en Medicina Interna, Egresada de La Universidad La Salle.
Maestría en Nutrición Clínica y Educadora en Diabetes,
Adscrita al Hospital Ángeles Pedregal de la Ciudad de México.
Contacto: [email protected]

RESUMEN

En décadas recientes, se ha planteado que la obesidad, por sí misma, significa un riesgo para la salud, se acompañe o no de alteraciones metabólicas. No obstante, el síndrome metabólico es una condición claramente vinculada con la obesidad y ha causado una auténtica revolución en la estatificación del riesgo vascular. El profesional de la salud desempeña un papel fundamental en el abordaje integral de la obesidad a través de la implementación de estrategias interdisciplinarias que conduzcan a la pérdida de peso, mismas que pueden contemplar la adición de algún agente farmacológico debidamente seleccionado. En la presente revisión se aborda la obesidad, su relación con el síndrome metabólico y las estrategias terapéuticas disponibles para su adecuado manejo.

PALABRAS CLAVE

Obesidad, síndrome metabólico, sobrepeso, tratamiento farmacológico.

ABSTRACT

In recent decades, it has been argued that obesity, by itself, represents a health risk, whether or not it is accompanied by metabolic disorders. However, the metabolic syndrome is a condition clearly linked to obesity and has caused a real revolution in the staging of vascular risk. The health professional plays a fundamental role in the comprehensive approach to obesity through the implementation of interdisciplinary strategies that lead to weight loss, which may include the addition of a duly selected pharmacological agent. This review addresses obesity, its relationship with the metabolic syndrome, and the therapeutic strategies available for its proper management.

KEY WORDS

Obesity, metabolic syndrome, overweight, drug treatment.

Introducción

La obesidad está convirtiéndose en el problema de salud pública más serio del siglo XXI. Se trata de un trastorno que comienza en la infancia, florece en la edad adulta y da origen a múltiples problemas de salud. Es importante resaltar que los factores genéticos y moleculares, junto con estados conductuales y ambientales adversos, intervienen en su patogenia y condicionan su tratamiento de forma decisiva.1

Los
mecanismos
subyacentes al
síndrome metabólico
son la
ADIPOSIDAD ABDOMINAL y la RESISTENCIA
A LA INSULINAL

Obesidad

La obesidad se define como un exceso de adiposidad corporal; sin embargo, por razones prácticas, el peso corporal se ha utilizado como medida indirecta del grado de adiposidad, la cual no es fácil de medir mediante las pruebas habituales. En la década de los ochenta se introdujo el concepto de índice de masa corporal (IMC) y se delimitaron los puntos de corte para definir el sobrepeso y la obesidad en mujeres y hombres.2 Las altas cifras de IMC se asocian con perfiles de riesgo morbimortalidad, particularmente con diabetes mellitus tipo 2 (DM2) y enfermedad cardiovascular (ECV) aterogénica.

Además, se han descrito algunos subtipos, los más clásicos son los que corresponden a la obesidad androide (abdominal) y la ginecoide (cadera).3 En ese sentido, se ha observado la existencia de un fenotipo correspondiente a individuos con peso normal pero metabólicamente obesos; es decir, sujetos que tienen un IMC normal pero que manifiestan las alteraciones típicas de los pacientes obesos: resistencia a la insulina, adiposidad central, bajas cifras de colesterol unido a lipoproteínas de alta densidad (c-HDL) y concentraciones elevadas de triglicéridos, así como hipertensión arterial.4

Relación con el síndrome metabólico

El síndrome metabólico ha causado una auténtica revolución en la estatificación del riesgo vascular y ha pasado a ser uno de los conceptos más utilizados; este describe la agrupación en un individuo de varios trastornos prevalentes en el mundo occidental, que son factores de riesgo de ECV y DM2. Los mecanismos subyacentes al síndrome metabólico son la adiposidad abdominal y la resistencia a la insulina.5

Los factores que aumentan el riesgo de desarrollar síndrome metabólico son: edad, condicionantes genéticos y estilo de vida poco saludable (inactividad física y consumo de alimentos ricos en hidratos de carbono y/o en grasas saturadas y sodio).5

Existen numerosas definiciones del síndrome metabólico y, aunque todas incluyen los componentes esenciales, difieren en los detalles o en la inclusión de componentes difícilmente comprensible dentro de su patogenia. Las dos definiciones más usadas — que son muy parecidas entre sí— son la de la Federación Internacional de Diabetes (International Diabetes Federation, IDF por sus siglas en inglés)6 y la del Panel de Tratamiento para Adultos III (Adult Treatment Panel III, ATP-III por sus siglas en inglés) del Programa Nacional de Educación sobre el Colesterol de Estados Unidos (Tabla 1).7

Aunque otros marcadores biológicos no se incluyen en la definición de síndrome metabólico, en ocasiones pueden ser útiles cuando se toman de forma infrecuente en la práctica clínica, como los relacionados con el porcentaje de tejido adiposo visceral, el cociente leptina/ adiponectina, las concentraciones de apolipoproteína B y colesterol unido a lipoproteínas de baja densidad (c-LDL), la estimación de disfunción endotelial (medida a través de la respuesta vasodilatadora en la arteria humeral), los marcadores de inflamación (como la proteína C reactiva) o los marcadores de trombosis (como el fibrinógeno y el inhibidor del activador del plasminógeno).7

Cambios en los estilos de vida

Si tomamos en cuenta que la DM2, el síndrome metabólico y la obesidad se producen por la expresión exagerada de carga genética a causa de un estilo de vida inadecuado, el primer paso hacia un tratamiento exitoso es adecuar cambios en los estilos de vida.

Los tres componentes
fundamentales para
el tratamiento de
la obesidad son la
ALIMENTACIÓN, el EJERCICIO y la CONDUCTA PSICOSOCIAL

Los tres componentes fundamentales son la alimentación, el ejercicio y la conducta psicosocial. El primer paso es la pérdida de peso; sin embargo, este aparente simple recurso (que en realidad es el más complicado de conseguir y, por ello, el menos conseguido o sostenido en el tiempo) ha demostrado numerosos efectos positivos:8

  • Reducción de la mortalidad
  • Mejoría del perfil lipídico
  • Disminución de la presión arterial
  • Reducción de la masa del ventrículo izquierdo en pacientes con hipertensión arterial
  • Reducción de los marcadores inflamatorios en pacientes con DM2
  • Mejoría de la resistencia a la insulina que retarda la evolución de la DM2

Además del aspecto cuantitativo y cualitativo de la reducción de la ingesta calórica, los componentes de la alimentación también tienen efectos vasculares demostrados a beneficio de los pacientes con obesidad. Ejemplo de ello son las recomendaciones dirigidas a: evitar el consumo de las grasas que no provengan del aceite de oliva, aumentar el consumo de frutas, verduras y cereales integrales; evitar el consumo de productos azucarados e industrializados, así como de carnes grasas; consumir pescados blancos y, sobre todo, azules.9

Si bien es cierto que la estrategia terapéutica debe individualizarse, cualquiera que sean los componentes que integren la pérdida de peso, el esfuerzo sustancial vale la pena, pues una vez que esta se mantiene durante dos a cinco años, las posibilidades de éxito a largo plazo aumentan considerablemente.10

Tratamiento farmacológico

La terapia farmacológica está indicada en individuos con IMC >30 kg/m2 o con alguna comorbilidad mayor (como DM2, HAS, dislipidemias, cardiopatía isquémica y enfermedad cerebrovascular) y un IMC >27 kg/m2 , de acuerdo con los criterios terapéuticos de la American Association of Clinical Endocrinologists. 11

La farmacoterapia se utiliza como coadyuvante de un buen plan dietético y la práctica regular de ejercicio físico. Su efecto se evalúa a los tres y seis meses de iniciado el tratamiento y este se considerará efectivo si se consigue una pérdida mayor o igual a 10% del peso inicial; en función de ello, se valora la prolongación de su uso hasta un año (también en dependencia de los fármacos disponibles y autorizados en el mercado). Cabe aclarar que siempre se deben evaluar los riesgos y beneficios para cada paciente; si la pérdida ponderal es menor que 5% a los tres a seis meses, se considerará el fracaso terapéutico y deberá suspenderse o modificarse. Una pérdida ponderal entre 5% y 10% es aceptable y, en este caso, se deberá realizar una reevaluación a los tres meses; si la pérdida de peso no se mantiene o hay ganancia ponderal, se deberá suspender el tratamiento.12

Dentro de las opciones farmacológicas disponibles para el tratamiento de la obesidad hay que considerar a los medicamentos que promueven el gasto energético y reducen la ingesta de alimentos para favorecer la pérdida de peso y mejorar los parámetros cardiometabólicos (Tabla 2).13 Entre las opciones disponibles se encuentran los inhibidores de recaptura de serotonina,14,15 los inhibidores de las lipasas14 y las combinaciones a base de aloína, sulfato de atropina, diazepam, clorhidrato de D-norpseudoefedrina y triyodotironina.16-18 El clorhidrato de fentermina es un agente, disponible en dosis de 15 y 30 mg, que actúa como supresor del apetito de acción central y ha sido aprobado desde 1959 por la FDA para su uso a corto plazo (hasta tres meses de tratamiento) en el tratamiento de la obesidad. Actualmente, está disponible en varios países, incluidos México y Estados Unidos, y su uso en el tratamiento de la obesidad a corto plazo (12 semanas) se recomienda a dosis de 15 o 30 mg, junto con la práctica de ejercicio, la modificación del comportamiento y la restricción calórica.15

Conclusiones

La obesidad supone un mayor riesgo para desarrollar ECV y síndrome metabólico. Por ello, es de suma importancia realizar todas las intervenciones que promuevan el cambio en el estilo de vida y/o la reducción de peso del paciente. La sola reducción del peso corporal representa un cambio significativo para la mejoría de la salud metabólica. Por su parte, la práctica regular de ejercicio favorece la producción de sustancias —como endorfinas— que promueven un mejor apego dietético en los pacientes, además de reducir por sí mismas la resistencia a la insulina en el tejido muscular periférico. De la misma forma, hoy en día existen múltiples terapias, tanto farmacológicas como no farmacológicas; en este sentido, la cooperación del personal de salud mental (psicología y psiquiatría), como parte de un equipo multidisciplinario para el manejo de la obesidad, es determinante. Finalmente, un recurso no menos importante es el papel de la cirugía bariátrica en aquellos pacientes que son candidatos a la misma.

El efecto de la
FARMACOTERAPIA SE EVALÚA A LOS 3 Y 6 MESES
de iniciado el tratamiento y se considera efectiva cuando ocurre pérdida ≥10% del peso inicial

Referencias

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Este artículo debe citarse como: : Canche-Arenas A. Obesidad y síndrome metabólico. Medicus 2021;2(11):760-6.